domingo, 28 de abril de 2013

Como educar a tus hijos

Hoy de visita en Ikea (centro comercial) veo un suceso que me sorprende:

Una niña llorando asustada en un carrito llama mi atención, su madre acaba de comprar unos cucuruchos para rellenarlos de helado en las maquinas, la niña no para de berrear levantando su mano exigiendo su cucurucho, es la típica situación que ningún padre desea, la niña no tiene razón alguna en hacer lo que está haciendo, parece una niña mal educada exigiendo con un chantaje de lloros su preciado premio.
La madre, en un alarde educativo agachada con mirada disgustada y amenazante le dice: "sino dejas de llorar no te doy el cucurucho".



Una luz se enciende en mi cabeza. La niña por supuesto no deja de llorar y patalear si cabe más fuerte, la madre solo tarda 7 segundos en en ceder, le da el cucurucho y automáticamente la niña deja de llorar y se levanta curiosa hasta la máquina donde está su papa y su hermanita aún más pequeña.
¿Por qué ha fallado la buena intención educativa de la madre, que quiere corregir esta actitud en su hijita?.
Porque ha fallado la comunicación entre madre e hija.
La madre le pide "no hagas..." (el clásico educativo en España "no hagas esto, no hagas lo otro"),
pero a cambio no la guía indicándole a su hija lo que SI quiere que haga.
Por tanto su hija, más confusa y asustada aún si cabe, llora todavía más fuera ya de control.
Lo adecuado sería haber dicho algo así como: "si me sonríes te doy el cucurucho", o "cuando te calmes te daré el cucurucho", premiamos entonces a la niña por hacer algo adecuado.
No la frustramos prohibiendo sin dar más alternativa o informar de lo que debe hacer (le guiamos).
La diferencia parece sencilla: sola la forma en que nos expresamos lo cambia todo: prohibición que confunde y frustra frente a información que guía y así construye su forma de ser de forma positiva.
Y si es tan fácil... ¿por qué no lo hacen los padres y madres?
Porque...
prohibir describiendo aquello que vemos en ese mismo instante que no nos gusta es un solo paso mental (sencillo, casi instintivo), mientras que
advertir primero lo que no nos gusta, analizar la situación, entender que es lo que el niño debería hacer en vez de, o imaginar de una forma creativa una propuesta imaginativa y creativa, y decírselo al niño con cariño y paciencia, cuando no con entusiasmo para sorprenderle.
El primer paso es muy rápido, el segundo nos lleva unos cuantos pasos mentales más. Y por desgracia la mayoría de la gente está casi siempre cansada y atontada y no suele tener la energía, la paciencia, la capacidad de análisis y la creatividad para hacer lo correcto en estás pequeñas situaciones cotidianas y en la guía y educación educación de sus hijos: futuros adultos frustrados, desorientados, desconfiados e inseguros.
Pocos son los niños capaces de comprender, cuando les prohiben, que se supone que a cambio deberían hacer.
Sucede lo mismo en los colegios, en la redacción de leyes, en la justicia,... se prohibe y se castiga sin informar de que es lo correcto. Se crea un sociedad de gente desorientada, anulada, temerosa, incapaz de tomar decisiones por si misma, de encontrar soluciones o alternativas, se acrecenta el recelo y la desconfianza.
Cuando en un trabajo reciben orientación o instrucciones, las reciben desconfiados, como ordenes frustrantes sin sentido, como... cuando su madre de pequeño le prohibía llorar por temor a no recibir aquel helado tan especial... casi como una leche materna extra cremosa y dulce..

Así que ya sabes: en vez de decir al niño: "no vayas a la derecha! no subas a la silla!, no comas así!, eres un guarro!, así no se hace!", mejor es decirle "sigue recto, sube mejor al sofa, come de esta manera que te voy a explicar, vamos a lavarnos las manos antes de comer, esto se hace de esta forma, prueba y mira...".

Prueba, una vez tengas costumbre (crees el hábito), es más sencillo de lo que crees.




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