miércoles, 15 de diciembre de 2010

los judios, la carne y la leche

El pueblo Judio posee una gran cantidad de reglas, hábitos y prohibiciones.
Los cristianos y musulmanes adoptaron muchas de ellas incorporando otras nuevas que consideraban más acertadas.
No hay regla religiosa que no tenga un origen científico, al menos en la época en que se creo y aceptó.
Algunas permanecerán validas durante miles de años, otras quedán obsoletas ante ciertos cambios sociales y culturales.
Cuando las reglas fueron creadas, aquellos que las crearon sabían el porqué. Los demás las siguieron porque funcionaban (no enfermaban, viven mejor,...), y las aceptaron sin entender porqué. Tras el paso de los siglos muchas siguen funcionando, y las personas religiosas las siguen en un acto de fé. Creen que aquellos antepasados eran más sabios, y que ellos no lo son tanto y no deben cuestionarlas. Por eso hay reglas que continuan, a pesar de su evidente ineficacia, convirtiendose en ocasiones en un imperdimento. Pero nadie se atreve a cuestionarlas.
He visto mujeres con el velo en un pais musulman, ligando por el movil. La mitad del planeta aún no se atreve a tocar el jamón....


Para los Judios, la carne y la leche no deben mezclarse.
En principio no deben comerse juntas. Han de dejar pasar 1 hora desde que bebieron leche para comer carne, y 6 horas para digerir la carne sin probar la leche (así que nada de cafetitos con leche al final de la comida).
La carne en el pasado era un bien de lujo, escasa. La mayor parte de la humanidad conseguía las proteinas de las legumbres, a veces de la leche. Cuando se comía carne (no la carne de ahora, llena de antibióticos, estrógenos o clenbuterol, pesticidas y metales pesados), esta era un lujo, una bomba de proteinas y minerales a los que el sistema digestivo no estaba acostumbrado. Había que digerirla correctamente para aprovechar tal  maravilla.
Los antiguos se dieron cuenta que ciertas combinaciones de alimentos no son apropiadas para la correcta digestión.
La mezcla de proteinas (lacteos, pescados, carnes y legumbres) no va bien. Es mucho mejor comerlos por separado. Cuando el cuerpo digiere carne, se centra en digerir carne, el resto es como si no existiera. Beber leche con carne, se digiere mal, y esto provoca nutrientes mal digeridos que aprovecha la flora del intestino para multiplicarse, creando malestar y gases.



Es normal que los judios hicieran reglas contra el consumo mixto de carne y leche. Hoy se llama nutrición y dietética.

Pero los judios fueron más allá. La carne es un verdadero peligro, un foco sanguinoliento de enfermedades (no solo las que ya puede contener, sino las larvas que ponen las moscas, etc). Y estas enfermedades se trasmiten con facilidad a los lacteos y otros alimentos.
Por eso en los hogares judios la regla de separar leche y carne se lleva un paso más allá: Todos los platos, cazuelas, sartenes, cazos, cubiertos, cuchillos... los tienen por duplicado: Un juego completo marcado de blanco para la leche y demás alimentos, otro juego marcado de negro solo para la carne.
No deben mezclarse ni tocarse (se almacenan en armarios diferentes). Y nada que toque uno debe tocar el otro: tienen distintos estropajos para limpiarlos, trapos de secado, etc. En dos colores distintos claro.
Lo ideal es tener 2 pilas distintas para el fregado y dos neveras distintas.
De echo, en los restaurantes más ortodoxos llegan a tener 2 cocinas diferentes.
Mientras se cocinan los alimentos: si has tocado la carne, debes lavarse con agua y jabón antes de tocar otros alimentos.

Tal es el miedo, y el pavor que despierta en los judios la carne cruda.

En el pasado debieron padecer terribles enfermedades, y solo con un ultraestricto control lograron controlarlas o librarse de ellas.

Hoy en dia todo el ganado es vacunado con albendazol e Ivermectina, por lo que hay muchas menos posibilidades de infectarse. Sin embargo no hay que olvidar que una vez un animal ha muerto, empieza a descomponerse bacterianamente, las moscas colocan sus huevos, hay un crecimiento de hogos y moho de las esporas que flotan en el aire normalmente. Continua siendo un foco indudable de infección. Las neveras y congeladores son otra gran ayuda, frenan el proceso de degradación o lo detienen (y no existian dos mil años atras).

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